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El Papa refirió a la ira, que ha calificado de «vicio destructor» de las relaciones entre las personas, al tiempo que ha denunciado que haya hombres que, si bien «contienen su ira en el trabajo» y se muestran «tranquilos», en casa se vuelven «insoportables para sus esposas e hijos».

«Hay hombres que contienen su ira en el trabajo, mostrándose tranquilos y compasivos, pero una vez en casa se vuelven insoportables para sus esposas e hijos», ha denunciado Francisco durante la catequesis de este miércoles, ante cientos de fieles en el Aula Pablo VI del Vaticano.

Así, ha señalado que la ira es «un vicio omnipresente», «particularmente oscuro» que es capaz de destruir «las relaciones humanas», en una alocución que ha girado en torno del pecado de la ira.

En este sentido, indicó que expresa «la incapacidad de aceptar la diversidad del otro» sobre todo cuando sus opciones de vida «divergen» de las propias. «La cólera hace perder la lucidez. Porque una de las características de la ira, a veces, es que no se mitiga con el tiempo. En esos casos, incluso la distancia y el silencio, en lugar de calmar el peso de los malentendidos, lo magnifican. Por eso, el Apóstol Pablo aconseja a sus cristianos que aborden el problema de inmediato e intenten la reconciliación: ‘Que no se ponga el sol sobre vuestra cólera'», ha asegurado.

Por todo ello, el Papa ha recomendado que «todo se disuelva inmediatamente, antes de que se ponga el sol». «Si durante el día puede surgir algún malentendido, y dos personas dejan de entenderse, percibiéndose de repente muy alejadas, no hay que entregar la noche al diablo», ha insistido el Papa.

En cualquier caso, ha matizado que si una persona no se enfadara nunca o no se indignara ante una injusticia «significaría que no es humana, y mucho menos cristiana».

Finalmente, el pontífice se refirió a la Jornada Nacional por las Víctimas Civiles de Guerra, que se celebra este jueves, y ha lamentado que haya «víctimas indefensas de las guerras», como los civiles, que «por desgracia todavía tiñen de sangre el planeta, como en Oriente Medio y Ucrania».

«Que su grito de dolor toque el corazón de los responsables de las naciones y suscite proyectos de paz». «Cuando se leen las historias de estos días, hay tanta crueldad, tanta, pidamos la paz al Señor, que siempre es suave, no es cruel», ha reclamado el Papa con el brazo en alto.

Por AL PE

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