Andrés Manuel llegaste al límite de la tolerancia social. Tus protegidos, a quienes “cuidas”
porque también son humanos, rebasaron –desde hace 3 años 7 meses- la línea de la
paciencia. Lo perverso del lunes 20 de junio en Cerocahuí, municipio de Urique, en plena
sierra Tarahumara, Chihuahua, no tiene madre.
Todo es tu responsabilidad, tu culpa. Desde que hace 44 meses diste luz verde a la
delincuencia organizada (carteles, bandas, sicarios, gavilleros, violadores, pederastas,
asesinos, etc.) para hacer lo que les plazca. Entregaste la plaza (México), Andrés, a los
Carteles de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, Santa Rosa de Lima, Familia Michoacana,
Guerreros Unidos, Del Golfo, Los Rojos, y decenas de grupúsculos más, cuando prometiste
en campaña “amnistía: perdón y olvido”, “abrazos, no balazos”, “los delincuentes
también son humanos y merecen nuestro respeto”. “Cuidamos también a las bandas porque
son seres humanos… ya no es como antes”, “si se portan mal, acúsenlos con sus abuelitos”.
Liberaste ilegal, corrupta y descaradamente a Ovidio Guzmán López, porque así lo exigió
su padre, El Chapo Guzmán. Intimidas, sucumbes, te arrastras ante la líder moral del Cartel
de Sinaloa, Consuelo Loera. La has visitado en Badiraguato, Sin. en más de 11 ocasiones
(fuera de agenda, de protocolo, con recursos económicos, materiales y humanos públicos),
para reportarte personalmente y cumplir con el “Señor Joaquín Guzmán”. (así lo llamas).
Como en el pasado (sexenios del PAN y PRI) que tanto criticas, denostas, te comparas (no
somos iguales), la sociedad sigue poniendo los muertos, el crimen organizado y tu mal
gobierno (T4a), omisión, complicidad, indiferencia, incapacidad. Tus socios, las balas,
masacres, asesinatos, secuestros y libertinaje. Tus ojos ciegos.
Te resistes a reconocerlo (primer síntoma de mea culpa). Las cifras no mienten. Con
guarismos del INEGI y del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad
Pública -tus instituciones, escogiste a sus titulares-, la realidad rebasa tus ideales y
fanfarronadas de que en seguridad “vamos requetebién”, “han descendido el número de
homicidios dolosos”, presumen tú y la inepta Secretaria de Seguridad y Protección
Ciudadana de la Transformación de 4ª, Rosa Icela Rodríguez. Sin embargo, los asesinatos,
masacres, atentados, en día sí, y otros también, engrosan el índice de muertos, heridos y
desaparecidos, y ustedes en la contemplación.
¡Vaya cinismo, desvergüenza, corrupción, impunidad! del Gabinete de Seguridad, que cada
mañana, alharaquea, se reúnen para detener (simulación) a las bandas delictivas
organizadas. Sólo pierden el tiempo y la oportunidad de perseguir maleantes.
Tus instituciones, López, hacen público cada mes el escenario real de los atentados. El más
reciente revela 124 mil homicidios dolosos (de manos del crimen organizado, tus
“cuidados”) En sólo 3 años 7 meses de tu fallido gobierno, superas por mucho a tus
odiados enemigos. Para restregártelo en la jeta, te digo (INEGI, SESNSP), Calderón
Hinojosa, en todo su sexenio acumuló 120 mil 463 asesinatos; Peña Nieto, en su
administración 150 mil; López Obrador, en sólo 3 años 7 meses, más de 124 mil… y
contando, pues aún le restan 2 años 4 meses y al ritmo que lleva, alcanzará 209 mil muertes
violentas. Seguro Rosa Icela Rodríguez sumará a principio de julio las masacres que,
durante el sexto mes del año, aun no se cargan a la espalda de Andrés Manuel.
Recuerden, las cifras que el gobierno federal hace públicas en el rubro que nos ocupa, son
ideales, no reales, hay que agregarle +55 o 60%
Ahora vayamos al punto nodal de la entrega.
El lunes 20 de junio, la delincuencia organizada, esa que el inquilino de Palacio Nacional
“cuida porque también son humanos” rompió todo código de respeto que durante las
décadas de los 70, 80 y 90’s el crimen organizado mantenía como “ética”: no agredir
(matar) a niños, mujeres, ancianos, sacerdotes, incapacitados físicos. Si bien, han pasado 3
décadas de esa “moralina” letal, los delincuentes de hoy, no sólo asesinan a diestra y
siniestra, violan a sus víctimas mujeres, agreden familias completas, incendian sus casas,
secuestran para saciar sus instintos más bajos como hombres contra niñas, adolescente,
jóvenes, maduras, ancianas.
En el Siglo XXI las organizaciones violentas nada respetan: roban, plagian, violan, retan,
bloquean carreteras para cobrar “derecho de piso y/o tránsito” y más calamidades.
El sexenio que padecemos, a partir de diciembre de 2018, rebasó todo lo político, moral,
ético, humano, digno, etc. al instaurar López Obrador el Narco Estado y narco elecciones,
al autorizar libre operación a sicarios, bandas, gatilleros, asesinos, pederastas, violadores,
rateros comunes, narco legisladores, mapaches. Familiares (hijos del Peje) asociados con
delincuentes para comprar empresas, negocios, infiltrase en corporativos nacionales
(Pemex) e internacionales.
Decía que el 20 de junio, sicarios (del Cartel de Sinaloa) persiguieron a un sujeto que
desesperado, apanicado, agotado vio en la iglesia de la Comunidad de Cerocahuí,
municipio de Urique, Sierra Tarahumara, en Chihuahua, el refugio para salvar su vida. Casi
a punto del infarto, entró al templo, encontró dos sacerdotes jesuitas, Javier Campos y
Joaquín Mora, que ofician ahí. Sintió que las cuatro paredes del recinto religioso serían
suficientes para inhibir a los asesinos y desistir de su acción. ¡Creyó, “salvé mi vida”!
Los curas, seguros que los gatilleros respetaría el templo, las imágenes, su presencia,
detendría su misión. Craso error, sin decir una sola palabra los asesinos rafaguearon a los
tres, cayendo muertos al instante.
Lo sicarios, con toda calma, sangre fría, parsimonia se dieron el lujo de juntar los tres
cadáveres, arrastrarlos hasta la zaga de un vehículo, subirlos, secuestrarlos y huir del lugar.
El Cartel de Sinaloa quitó la vida a dos inocentes –sin remordimiento-, bajo la consigna de
la mafia “no dejar cabos sueltos”.
Esta triste y maldita escena se repite un día sí y otro también en cada rincón del 45 por
ciento del territorio nacional, controlado –con permiso- por los carteles.
De inmediato la reacción de los sectores dignos, decentes, honestos de la sociedad, menos
el político y gubernamental -que aprovecharon la masacre, para” llevar agua a su molino”-
politizaron el asesinato. La sociedad protestó, condenó el hecho.
La Compañía de Jesús, de la que fueron fieles Javier Campos y Joaquín Mora (ambos
adultos mayores), rogó a los asesinos devolver los restos de sus miembros “demandamos
de forma inmediata que se adopten las medidas de protección para salvaguardar la vida de
nuestros hermanos jesuitas, religiosos, laicos y de toda la comunidad Cerocahuí”
Los religiosos acusan a los gobiernos municipal, estatal, federal, a las autoridades judiciales
y policiacas del país, que “en la Sierra Tarahumara reina la violencia, por lo que esto no es
un hecho aislado, pues todos los días hombres y mujeres son privadas de su vida. Esta
inseguridad y violencia es ignorada por las autoridades cuyo sufrimiento NO suscita
empatía y atención pública”.
La gobernadora de Chihuahua, la panista Maru Campos Galván, echó verbo, choro, bla,
bla, bla, con el clásico “se llegará hasta las últimas consecuencias y se dará con los
responsables” Un spech protocolario, cantaleta y mentiroso.
Desde luego, el Papa Francisco, de la orden jesuita, con mucha diplomacia, contundencia,
agresividad, enfadado, acusador (¿contra quién cree? Atinó, versus Andrés Manuel López
Obrador) escribió en sus redes sociales: “expreso mi dolor y consternación por el asesinato
en México, de dos religiosos jesuitas y de un laico. ¡Cuántos asesinatos en México! La
violencia no resuelve los problemas, sino sólo aumenta los sufrimientos innecesarios”
¡Vaya frase!, ¡cuántos asesinatos en México! No fue casual, sino reclamo, señalamiento,
crítica, acusación, por incompetencia, incapacidad, omisión, complicidad, colusión del
ejecutivo mexicano (AMLO) con quienes asesinan, matan, torturan a inocentes o no. Nunca
son detenidos, menos capturadas las organizaciones delictivas. No hay que ser estridente
para exhibir la corrupción en México, basta la frase lapidaria del Sumo Pontífice ¡Cuántos
asesinatos en México!
El torpe Peje, no acusó de recibido, porque está perdido, ausente, alienado