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Un velo de arrepentimiento cubrió la transmisión en vivo desde el Flow Fest este lunes, donde el streamer Adriano Zendejas, conocido como «Maestro Shifu«**, rompió el silencio sobre el pandemonio que desató su convocatoria sorpresa en el Monumento a la Revolución el domingo pasado, un evento que prometía ser una simple repartición de gorras pero terminó en un torbellino de violencia con cinco atropellados, vandalismo a puestos ambulantes y detenciones que han convertido su nombre en sinónimo de descontrol urbano en la Ciudad de México.
Visiblemente conmovido, Zendejas no escatimó en autocrítica durante el stream junto al reguetonero El Bogueto, reconociendo que subestimó la magnitud de su influencia digital: «Se me salió de las manos, no pensé que esto iba a pasar«, confesó con voz temblorosa, aludiendo a cómo una dinámica inocente para regalar merchandising de su línea personal, impulsada por su 1.3 millones de seguidores en TikTok, atrajo a miles de jóvenes en motocicletas que colapsaron avenidas como Insurgentes y Puente de Alvarado, suspendiendo el Metrobús y dejando un saldo de 98 motos aseguradas, tres detenidos —incluyendo un menor— y al menos seis puestos destruidos por la muchedumbre enfurecida. El detonante fatal llegó cuando un conductor de un Ford Mustang negro, acorralado por la turba que lo vandalizaba, aceleró en pánico y arrolló a cinco asistentes, diagnosticados con raspones y contusiones por paramédicos del ERUM, un momento capturado en videos virales que muestran gritos de «¡Agárrenlos!» y un pánico colectivo que escaló hasta el hotel donde se hospedaba el influencer.
La disculpa no se quedó en palabras huecas: «Solamente les puedo pedir una disculpa a la gente, yo pensé que iba a llegar poca gente. Intenté hacer lo mejor posible, me siento mal«, reiteró Zendejas, quien reveló que las autoridades de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) lo «agarraron» en el sitio y lo alertaron de que se había «metido en un pedote«, un eufemismo para las repercusiones legales que ahora acechan, desde multas por faltas al Reglamento de Tránsito hasta posibles demandas de los comerciantes afectados que exigen resarcimiento por pérdidas materiales y emocionales. El streamer, hermano de la actriz Samadhi Zendejas y exprotagonista de telenovelas como «Marina» y «Juro que te amo«, enfatizó su disposición a colaborar: «Las consecuencias que tenga que afrontar, las voy a afrontar. Di mi teléfono a personas de gobierno y voy a esperar la llamada«, un compromiso que contrasta con su huida inicial del caos, escoltado por elementos policiales mientras la multitud lo buscaba para más gorras o reclamos.
Este desahogo llega en medio de una ola de críticas que cuestionan la responsabilidad de los influencers en convocatorias masivas sin permisos ni planes de contingencia, un debate que ha escalado en redes donde usuarios lo tildan de «irresponsable» por priorizar el engagement sobre la seguridad, recordando incidentes pasados como el éxodo de fans al hotel en Paseo de la Reforma. Mientras los heridos se recuperan y los detenidos enfrentan al Ministerio Público, Zendejas se posiciona en una encrucijada: de ícono del entretenimiento digital a figura bajo escrutinio, donde su legado de streams humorísticos y desafíos virales choca con la realidad de un evento que no solo dañó vehículos y puestos, sino la confianza en eventos espontáneos que pueden devorar la convivencia cívica en una capital ya saturada de sombras cotidianas.
La reflexión del «Maestro Shifu» no solo humaniza su error —»No puedo decir ‘la cagué’ porque no sabía que eso iba a pasar«— sino que invita a un replanteo urgente sobre la regulación de dinámicas digitales en espacios públicos, donde un like o un reto puede transformar un monumento histórico en zona de guerra. En la CDMX, donde la SSC promete investigaciones exhaustivas, este «pedote» podría ser el catalizador para normas que eviten que el próximo stream termine en sirenas y camillas, recordándonos que detrás de cada pantalla hay vidas reales que no merecen pagar el precio de un viral desbocado.







