Israel acudirá a las urnas el próximo 27 de octubre de 2026 en unas elecciones que pondrán a prueba la continuidad del primer ministro Benjamín Netanyahu, tras casi tres años de guerra, desgaste político y cuestionamientos por los fallos de seguridad que precedieron al ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Los comicios se perfilan como un referendo sobre su gestión, marcada por las consecuencias del conflicto en Gaza, las tensiones regionales y las dificultades económicas que enfrenta el país.
El ataque de Hamás, que dejó alrededor de mil 200 personas muertas y cientos de rehenes, continúa siendo uno de los principales temas de la campaña. Familiares de las víctimas y sectores de la oposición exigen que se investigue la responsabilidad política por las fallas de seguridad que permitieron la ofensiva. Netanyahu ha evitado impulsar una comisión estatal de investigación sobre los hechos, mientras sus adversarios sostienen que su gobierno debe rendir cuentas por uno de los episodios más graves en la historia reciente de Israel.
En el terreno electoral, Netanyahu enfrenta el desafío de una oposición encabezada por Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor del Ejército israelí y líder del partido Yashar. Las encuestas previas a la votación muestran una contienda cerrada y un escenario en el que ninguno de los bloques tendría asegurada una mayoría parlamentaria. La integración de los partidos minoritarios, incluidos los de representación árabe, podría ser determinante para definir quién consigue formar gobierno.
La economía también ocupa un lugar central en el debate. Aunque Israel mantuvo un crecimiento superior al promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos durante 2025, el gasto militar se ha incrementado considerablemente y la deuda pública se aproxima al 70% del producto interno bruto. El conflicto y la incertidumbre política también han generado preocupaciones por la salida de trabajadores especializados y por la capacidad del país para sostener su crecimiento a largo plazo.
La votación del 27 de octubre será la primera elección nacional israelí desde los ataques del 7 de octubre de 2023 y la posterior guerra en Gaza. Además de decidir la composición de la Knéset, el Parlamento israelí, el resultado definirá las posibilidades de Netanyahu de mantenerse en el poder y marcará el rumbo de la política de seguridad, la economía y las relaciones internacionales del país. Sin embargo, la fragmentación política hace posible que las negociaciones para formar una coalición se prolonguen después de conocerse los resultados.






