InicioColumnaSTILO Libre: 5 de octubre 2026

STILO Libre: 5 de octubre 2026

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En política, cuando alguien siente que su propio partido le da la espalda, tarde o temprano empiezan las preguntas. Y eso es precisamente lo que está pasando con la síndica de Parral, Dalila Villalobos, quien ya hizo público su desencanto con el PRI, luego de ser retirada como consejera política. Ella asegura que la decisión llegó por hacer su trabajo, señalar lo que consideraba necesario y levantar la voz desde la Sindicatura. Además, reclama que, a pesar de haber presentado ocho informes, no ha sentido el respaldo de su partido.

El tema se vuelve todavía más interesante por la cercanía que Dalila Villalobos mantiene con Cruz Pérez Cuéllar. La propia síndica ha dicho que, por ahora, no está pensando en irse a Morena, pero tampoco oculta su amistad con el alcalde con licencia de Ciudad Juárez. Hay que recordar que en julio ambos fueron vistos junto al entonces coordinador de regidores del PRI, Vicencio Chávez, en una reunión que Pérez Cuéllar calificó como una coincidencia. Después de aquel encuentro, Chávez dejó la coordinación de la bancada priista en el Cabildo de Parral.

Por lo pronto, Dalila Villalobos asegura que seguirá trabajando desde la Sindicatura y que su prioridad es Parral. Pero en política los mensajes también cuentan, y cuando una militante comienza a cuestionar públicamente a su propio partido, las dudas aparecen solas. ¿Se trata únicamente de una inconformidad interna o estamos viendo los primeros pasos de un alejamiento del PRI? La respuesta todavía no está dicha, pero el movimiento político rumbo a 2027 apenas comienza y, en Parral, ya hay quienes están atentos a cuál será el siguiente paso de Dalila.


Lo que son las cosas: cuando alguien deja un cargo por razones políticas o administrativas, siempre empiezan las especulaciones. Y ahora el nombre del exalcalde Juan Blanco Zaldívar vuelve a aparecer en los pasillos políticos, esta vez por una versión que habla de una posible carpeta de investigación relacionada con presuntas irregularidades en Carreteras de Cuota. Hasta el momento, la autoridad correspondiente no ha confirmado públicamente que exista dicha carpeta, así que, por ahora, el asunto sigue siendo eso: una versión que no puede darse como un hecho.

La salida de Juan Blanco tampoco pasó desapercibida. El exalcalde presentó su renuncia el pasado 3 de septiembre y el secretario de Hacienda, Jesús Granillo, explicó que obedecía a asuntos personales. Pero en los círculos políticos también comenzaron a circular otras lecturas, principalmente por sus posturas y por el respaldo que ha expresado hacia César Jáuregui. Ahora, con el rumor de una posible investigación, el asunto toma otro giro y habrá que esperar para saber si realmente existe algún procedimiento y, en su caso, qué es lo que se está investigando.

Porque aquí vale separar las cosas: una cosa es tener una postura política, apoyar a determinado personaje o simplemente no coincidir con quienes toman las decisiones, y otra muy diferente sería que una autoridad encontrara alguna irregularidad y pudiera acreditarla. Por ahora, lo que hay son versiones, lecturas políticas y muchas preguntas alrededor de la salida de Juan Blanco. Habrá que esperar a que aparezcan los hechos y, sobre todo, las respuestas oficiales. En política, los rumores corren rápido, pero los documentos son los que finalmente ponen las cosas en su lugar.


El viernes por la tarde el sistema Bowí se detuvo. No fue una huelga masiva ni un paro prolongado. Siete choferes, principalmente en la Terminal Norte, suspendieron labores para reclamar mejores prestaciones laborales. El servicio se reanudó en aproximadamente 20 minutos, según la Operadora de Transporte. Oficiales negaron que se tratara de una huelga y hablaron de diálogo inmediato.

Los motivos, sin embargo, no son menores. Los operadores demandaron días libres por cumpleaños y por el Día del Padre, señalando que al personal femenino sí se le otorgaron asuetos por el Día de las Madres. También se quejaron de pagos incompletos, de compromisos incumplidos de aumentos salariales y de otras mejoras que, según ellos, se prometieron en paros anteriores y nunca llegaron. El detonante, de acuerdo con versiones de los propios trabajadores, fue el despido de un chofer que había acudido a dar seguimiento a peticiones previas.

“Nomás nos dan atole con el dedo”, resumió uno de los afectados. Esa frase resume el fondo del asunto: no es la primera vez que los choferes del Bowí detienen el servicio por condiciones laborales. Ya hubo paros anteriores en el año por descuentos, jornadas y falta de claridad en pagos. Cada vez se instala una mesa de diálogo, se promete atención y el servicio regresa. Hasta la siguiente inconformidad.

La rapidez con la que se reactivó el sistema evita un caos mayor para los usuarios. Eso es positivo. Pero también revela que el problema no se resuelve: se apaga. Mientras las demandas de fondo —salarios, prestaciones equitativas, estabilidad laboral— sigan sin respuesta clara y verificable, el Bowí seguirá expuesto a estos paros que, aunque cortos, dejan a cientos de personas esperando en las estaciones.

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