13 DE SEPTIEMBRE DE 1847, LA REBELIÓN DE LOS LÉPEROS, CASI DERROTAN A LOS GRINGOS; HECHO DESCONOCIDO.
Por: José Luis Jaramillo Vela
¿Quiénes eran los léperos?
Los léperos formaban el escalón más bajo en la pirámide social del México independiente, era el mundo de los desposeídos, los sin casa, los sin familia, los más pobres de nuestra sociedad de aquellos tiempos, gentes que casi eran mayoría en un México que no atinaba a brindarles alguna oportunidad en sus lánguidas y sórdidas vidas; un México, que eso sí, muy independiente, pero incapaz de levantar al país y a sus ciudadanos, enfrascado en feroces luchas por el poder, que lo único que proveían al país era inestabilidad política, económica y social y una vulnerabilidad que nos hacía presa fácil de los intereses expansionistas de otros países.
Ese era el mundo y la vida de los léperos, quizá equiparables a nuestros indigentes de hoy, aquellos pobres personajes perdidos en la miseria, tan solo acompañados por algún fiel perrito callejero; para sobrevivir, estas personas hacían los trabajos más pesados e inhumanos, otros más eran raterillos y maleantes que hacían robos de poca monta para subsistir. A principios y hasta mediados del Siglo XX, se les comenzó a llamar “pelados” o “peladitos”, debido a su costumbre de ser insolentes, mal educados y majaderos, con un lenguaje tan vulgar y su gusto por proferir groserías o “peladeces”, de ahí el término “pelados”, “peladitos” o “peladillos”.
En un hecho prácticamente desconocido de nuestra historia, el 13 de septiembre de 1847, los léperos estuvieron a punto de derrotar a las tropas estadounidenses que tomaron la Ciudad de México durante la Guerra México-Estados Unidos.
La invasión de Estados Unidos
En 1846, el Presidente de Estados Unidos, James Knox Polk ordena y lanza una invasión contra México con la intención de apoderarse de los territorios al norte del Río Bravo, aprovechando las disputas internas por el poder y las fallidas políticas de México por colonizar aquellos inmensos territorios. La invasión se produjo a través de dos
frentes; por el norte, el General Zachary Taylor nos invadió cruzando el Río Bravo, entrando una parte por Tamaulipas y otra por Coahuila, tomando las ciudades de Monterrey y Saltillo; mientras que el General Winfield Scott tomaba el Puerto de Veracruz y Puebla, hasta llegar a la Ciudad de México, en donde ya esperaba el Ejército Mexicano al mando del General Antonio López de Santa Anna y los Cadetes del Heróico Colegio Militar , atrincherados en el Castillo de Chapultepec, entonces sede del Colegio Militar, bajo el mando de los Generales Nicolás Bravo y José Mariano Monterde, Director del Colegio Militar.
Molino del Rey, Santa Anna de cobardía en cobardía entregando el país
Once años atrás, en 1836, el Presidente Santa Anna durante la Guerra de Texas fue hecho prisionero por el General Samuel Houston, quien ordenó fusilarlo; de la manera más ruin y cobarde, Santa Anna le ofrece al General Samuel Houston y al líder político Stephen Austin cederles el territorio de Texas a cambio de su vida y su libertad, para lo cual, les firmó el Tratado de Velasco… así perdimos Texas.
Once años después, es 1847, el General Antonio López de Santa Anna está peleando otra vez contra los estadounidenses, pero ahora no se está peleando por Texas, sino por la República entera, estamos a las afueras de la Ciudad de México, en la Batalla del Molino del Rey y Santa Anna sabe que va a perder la batalla contra el General Winfield Scott; la encrucijada personal de Santa Anna está en que días antes les había jurado a los habitantes de la Ciudad de México que defendería a la ciudad calle por calle hasta con su propia vida.
Santa Anna pierde la Batalla del Molino del Rey, muy pronto se le olvidan todos sus compromisos y juramentos a la ciudadanía y de nuevo, en un total acto de cobardía tras perder la batalla huye del sitio, dejando la Capital del País a merced del enemigo, quien también, visiblemente disminuido se aprestaba a conquistar el último bastión mexicano, el Castillo de Chapultepec, para de ahí apoderarse de la Ciudad de México, en donde ya los gringos se paseaban y pavoneaban cometiendo toda clase de abusos contra los mexicanos, saqueando casas y negocios a placer.
13 de septiembre de 1847, la Rebelión de los Léperos
En septiembre de 1847, las tropas de Estados Unidos tenían sitiada a la Ciudad de México, más no la habían ocupado todavía, sus tropas estaban disminuidas por la bravura de los mexicanos, el cobarde General Santa Anna había huido con sus tropas dejando a la Ciudad de México a merced del enemigo; el General Winfield Scott había liberado en Puebla a los presos de la cárcel, con la promesa de que éstos provocarían desmanes en la Ciudad de México para confundir a la ciudadanía y poder entrar los gringos a saquear la ciudad; Scott estaba a la espera de los refuerzos procedentes del norte del país, sin embargo, los presos liberados en Puebla, en vez de hacer los desmanes que les había ordenado Scott, se congregaron con los léperos y alertaron a la población sobre los planes de los gringos.
Mientras que los pobladores de la Ciudad de México todavía le exigían a Santa Anna cumplir con la defensa de la ciudad, este se negó a hacerlo, a pesar de que tenía con qué hacer frente a la situación, tanto en estado de fuerza como en abastecimiento de munición, por lo que procede, de manera cobarde a retirarse durante la noche, dejando indefensa a la ciudad y a sus ciudadanos; mientras, ignorando lo que sucede abajo, en la Ciudad de México, en el Cerro del Castillo de Chapultepec, de la manera más silenciosa y protegidos por la negrura de la noche aparece el Heróico Batallón de Guardacostas de San Blas, Nayarit, al mando del General Felipe Santiago Tetlamatzin Xicoténcatl, quien al frente de 1,100 soldados y sin hacer ruido, toman posiciones al pie del Castillo de Chapultepec para ayudar en su defensa, sabiendo que es el último reducto antes de caer nuestro país en poder de los gringos.
El 13 de septiembre de 1847, apenas estaba amaneciendo en la Ciudad de México, el sol comenzaba a clarear el día, cuando el General Samuel Hamilton con un piquete de cinco soldados suben a la asta bandera de Palacio Nacional portando la bandera estadounidense que pretendían izar en lugar de nuestra bandera; justo cuando se disponían a arriar la bandera mexicana para izar la de ellos, en la quietud de la alborada sonó un disparo, un certero disparo que impactó en el pecho del General Samuel Hamilton, quien desde la altura cayó muerto a las puertas de Palacio Nacional, rápidamente un grupo de sujetos sucios, malolientes, andrajosos y harapientos subieron armados con cuchillos y navajas, procediendo a someter y degollar a los cinco soldados enemigos y arrojarlos desde las alturas de Palacio Nacional para caer muertos junto a su general; lo siguiente que hicieron fue en el centro de la Plaza del Zócalo, donde ya se habían congregado un grupo de desarrapados, procedieron a prenderle fuego a la bandera estadounidense, para luego prenderle fuego a los cuerpos de los militares enemigos; se había iniciado así La Rebelión de los Léperos.
La Rebelión de los Léperos cobra fuerza
Alrededor de las 9 de la mañana una turba de enardecidos léperos, armados con palos, piedras, machetes, cuchillos, navajas y hasta con vidrios, atacan a un pelotón comandado por el General William Jenkins Worth, quien al frente de un pelotón de 30 soldados hacía su entrada a la ciudad cuando son sorprendidos; no se esperaban el sorpresivo ataque, mismo que les restó capacidad de reacción y terminaron sometidos por los léperos, provocando la muerte de muchos soldados enemigos, los demás, algunos malheridos incluido el General Jenkins lograron escapar del ataque y buscar donde refugiarse.
Nunca nadie se imaginó que este núcleo de marginados sociales fuera a levantarse en pie de guerra contra un ejército como el de Estados Unidos, que, aunque un tanto disminuido por las batallas libradas, estaba a la espera de los refuerzos que venían por el lado norte, pero mientras, tenían que capotear esta brava y sorpresiva embestida de los grupos marginales de la Ciudad de México que resultaron ser muy bravos, valientes y arriesgados.
Los léperos, el grupo social más desprotegido de México había dado la voz de ataque, conscientes de que no había ni un solo soldado en la ciudad y de que Santa Anna los había abandonado a su suerte, algo, no se sabe qué, pero algo se movió dentro de su sórdido mundo de oscuridad y miseria, que los llevó a rebelarse contra el enemigo y que a pesar de sus precarias condiciones se armaron con palos, piedras, fierros y cuentan que hasta con vidrios, otros, los más malandrillos traían alguna navaja, cuchillo y hasta machetes; eran muy pocos los léperos que tenían un arma de fuego.
A partir de estos dos ataques, los léperos comienzan a levantar a la población a defenderse; comienzan a liderear a grupos de ciudadanos, que motivados por ese gesto espontáneo de la gente más pobre de la sociedad acuden al llamado y pronto, desde balcones, calles, azoteas y plazuelas se lanzaban duros ataques contra los soldados gringos; la gente salió a la calle con sus armas de fuego, narran las crónicas que se vieron amas de casa empuñando y usando sus pesados sartenes de hierro como peligrosas armas contra el enemigo.
Los soldados estadounidenses nunca habían visto tanta ferocidad del pueblo mexicano, los ataques les llegaban de todos lados, de todas direcciones y de todas las formas imaginables; hubo hasta algunos soldados que cayeron muertos o heridos por flechas, otros murieron degollados por vidrios en manos de los léperos o de ciudadanos mexicanos, otros más murieron acribillados; había jóvenes armados con tablas y clavos; los léperos habían logrado movilizar a toda una ciudad para defenderla del odiado enemigo y en ello pusieron todo su coraje y valor. Todo esto creó momentos de caos, confusión y desorden que terminó por desubicar a los soldados gringos y jugar en beneficio de los rebeldes mexicanos.
El propio General Winfield Scott relata como su pelotón fue sorprendido y atacado justo sobre la Calle de la Amargura por un pelotón de valientes mexicanos, estos sí iban armados con fusiles a cuyo mando iba un cura
montado a caballo, con los hábitos y la sotana arremangados y portando una bandera mexicana al grito de ¡¡Viva México, mueran los yanquis!! inspiraba a los mexicanos, tomando por sorpresa a los gringos, derrotando al General Scott en esa escaramuza.
Los combates se generalizaron por todos rumbos y calles de la Ciudad de México con ciudadanos armados con fusiles, mosquetones, lanzas, piedras, hachas y mujeres hasta con ladrillos, sartenes y macetas y toda clase de “armas” disponibles e improvisadas. Los grupos de choque al mando de los léperos atacaban con mucha bravura, pero sin orden ni plan de ataque, sin embargo, eran muy efectivos y produjeron muchas bajas en el ejército invasor. Los fragorosos encontronazos se prolongaron durante dos días en los que por momentos parecía que los ciudadanos mexicanos, encabezados por los léperos podrían derrotar a los gringos y luego en otros momentos parecía que se nivelaban las fuerzas.
Mientras tanto, el General Winfield Scott veía como se sucedían las bajas en su ejército, que pensó en un momento en ordenar la retirada de un zafarrancho que pensaron que fácilmente podrían controlar y que ahora parecía que se les escapaba de las manos, después de casi dos días de enfrentamientos con los civiles mexicanos. Sin embargo, cuando parecía que los léperos y los ciudadanos lograrían la hazaña, es cuando llega el apoyo a los gringos.
Llegan refuerzos y colorín colorado…
El martes 14 de septiembre de 1847 ya por la tarde y tras dos días de enfrentamientos con grupos de civiles mexicanos encabezados por los famosos léperos que tenían en jaque a las tropas del General Winfield Scott, llegan las tropas de los Generales Zachary Taylor, Ulysses S. Grant y Robert E. Lee, es entonces que de manera violenta disolvieron la Rebelión de los Léperos; el General Taylor ordenó cañonazos a casas y edificios de manera indiscriminada, también ordenó entrar a todas las casas en donde desde cuyas azoteas los agredieran y matar a todos ahí adentro.
Con esta operación, Taylor comenzó a bajar el nivel de agresividad de los mexicanos hasta disolver la rebelión, y tomar control total de la Ciudad de México, el General Taylor se comprometió a garantizar la seguridad y la vida de los habitantes de la ciudad, siempre y cuando estos se abstuviesen de agredir a sus tropas, también se comprometió a que la ciudad no cesara en sus actividades productivas; sin embargo, como en toda invasión, hubo abusos, Taylor nombró al General John Quittman como nuevo Gobernador Militar de la Ciudad de México, imponiendo a la ciudad una contribución de $150 ml pesos (equivalentes a unos $70 millones de pesos actuales), dicho dinero se debería cubrir en cuatro pagos semanales de $37,500 pesos, indicando que tal impuesto era para cubrir los daños causados al ejército de Estados Unidos durante la Rebelión de los Léperos.
Acto seguido, ordenó disponer a su ejército para atacar al Castillo de Chapultepec, mismo que durante dos días fue defendido heróicamente por los Generales Felipe Santiago Tetlamatzin Xicoténcatl, Nicolás Bravo, José Mariano Monterde y los Cadetes del Heroico Colegio Militar, hasta su caída el 16 de septiembre de 1847.
Hecho histórico muy poco conocido
La Rebelión de los Léperos fue un hecho muy poco conocido en la historia de México, tan poco conocido, que la mayor fuente de información de este hecho se basó en el Parte de Guerra que el General Winfield Scott le envió al Secretario de Guerra de Estados Unidos, en donde detallaba todo lo sucedido; derivado de las historias que se comenzaron a esparcir a raíz del Parte de Guerra del General Scott, fue que historiadores e investigadores mexicanos comenzaron a ahondar en este hecho histórico y recabar información.
Lo sorprendente no es el hecho en sí mismo, sino en como un numeroso grupo de personas marginadas, vagos, borrachines, ociosos, raterillos, toda esa gente que en esa época se les llamaba Léperos, hayan decidido, dentro del marasmo y la miseria de sus vidas levantarse contra el enemigo invasor y que fueron un factor fundamental para mover, levantar y tomar el liderazgo de toda una población, que con lo que pudieron defendieron a su ciudad, casi logrando echar al enemigo invasor de ahí. Tal vez, sea posible que la respuesta a la motivación que tuvieron haya estado en hechos que sucedieron unos cuantos días atrás, hechos de los que más adelante veremos.
“Leperadas” a diestra y siniestra
+ Estos hechos se conocieron en Europa antes que en México, el escritor y periodista británico, Reginald Herbert Mason publicó un artículo y un libro titulado “Pictures of Life in México”, en donde relata estos hechos y se enfoca en la vida de los Léperos, a quienes describe como “tribus de vagos de ambos sexos llamados léperos, de apariencia sucia y vil en extremo, son, al mismo tiempo, mendigos, jugadores y ladronzuelos”.
+ El escritor y poeta mexicano Guillermo Prieto y Pradillo, hombre y político de alta alcurnia sentía mucha empatía por los léperos, al grado de dedicarles varios poemas y escritos; se dice que Prieto incluso vivió un tiempo entre los léperos para conocer su mundo.
+ En la película mexicana de 1939, “El Cementerio de las Águilas”, protagonizada por Jorge Negrete, se mencionan estos hechos, sin profundizar en ellos.
+ En los Archivos de Guerra de Estados Unidos, todos los documentos y Partes de Guerra de los Generales involucrados en estos hechos, aparecen bajo el nombre de “Batalla de la Resistencia Popular”. En México, la Historia Oficial la reconoce y la llamó como “La Rebelión de los Léperos”.
+ En México, la Secretaría de la Defensa Nacional no tiene registros de estos hechos, debido a que en ellos no participó el Ejército Mexicano. El General que debió haber defendido la Ciudad de México, de manera cobarde huyó del lugar dejando a la ciudad y sus habitantes a su suerte, su nombre: Antonio López de Santa Anna.
+ El saldo final de la Rebelión de los Léperos dejó 4 mil ciudadanos mexicanos muertos; hasta el día de hoy, el Departamento de Defensa de Estados Unidos rehúsa revelar el número de sus bajas en dicha rebelión.
+ La Guerra México – Estados Unidos duró dos años, 1846 – 1848, como resultado final, México perdió más de la mitad de su territorio en una compra – venta forzada por 15 millones de dólares, aunque al Presidente Interino Manuel de la Peña y Peña le tocó firmar los Tratados de Guadalupe – Hidalgo, la Historia Oficial Mexicana hace responsable directo de toda esta pérdida al General Antonio López de Santa Anna, considerándolo como el peor presidente de nuestra historia, y mire usted que superar a la actual Presidenta y al anterior ya son palabras mayores.
+ Tras este éxito militar, el General Zachary Taylor se convirtió en el duodécimo Presidente de Estados Unidos; mientras que Antonio López de Santa Anna se tuvo que exiliar de México.
+ Para concluir tanta “leperada”, el término “Lépero”, procede de los habitantes de Lepe, Municipio de Huelva, Andalucía, España, conocidos y reconocidos por su “florido, folclórico y pintoresco” lenguaje.
“El lépero es de buenos sentimientos, no es mala suerte, su realidad es diferente producto de sus errores”- Guillermo Prieto y Pradillo, escritor y político mexicano.
Continuamos en el Mes de la Patria… ¡¡Que Viva México!!
Referencias Bibliográficas:
+ matadornetwork.com
+ lajornada.com.mx
+ relatosehistorias.mx
+ crónica.com.mx
+ memoriapoliticademexico.org
+ recuerdosdelzocalo.com
+ construyendoconciencias.mx
+ es.wikipedia.org






