El robo de combustible en México ha cambiado de manera significativa. Las organizaciones dedicadas al huachicol ya no se limitan a perforar ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex) y transportar el combustible en pipas; ahora cuentan con instalaciones clandestinas capaces de almacenar, separar y procesar hidrocarburos robados.
Esta transformación ha llevado a las autoridades a localizar verdaderos complejos industriales ocultos, algunos de ellos instalados cerca de carreteras y con infraestructura especializada. De acuerdo con información difundida recientemente, estos centros son utilizados para darle un nuevo procesamiento al combustible obtenido ilegalmente.
Uno de los decomisos más importantes ocurrió en Reynosa, Tamaulipas, donde fueron asegurados 3.8 millones de litros de hidrocarburos en una instalación clandestina, una cantidad que representó el mayor decomiso de este tipo reportado hasta ese momento.
La modalidad también ha obligado a las autoridades a intensificar los operativos. Apenas esta semana se informó del desmantelamiento de cuatro instalaciones clandestinas y del aseguramiento de casi un millón de litros de derivados ilegales, evidenciando la dimensión que ha alcanzado este negocio criminal.
El fenómeno muestra que el huachicoleo dejó de ser únicamente un problema relacionado con tomas clandestinas en ductos. Ahora existe una infraestructura mucho más compleja para transformar y comercializar combustible ilegal, convirtiendo el robo de hidrocarburos en una actividad con características cada vez más industriales.






