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JIRONES DE NUESTRA HISTORIA
Por: José Luis Jaramillo Vela
Cuando yo sea grande…
En nuestra infancia, todos nosotros, entre juegos de canicas, de nuestros torneos de trompo, del changais, del chinchilagua, de los caballazos, del fut callejero, a veces interrumpido por inconscientes automovilistas que se nos atravesaban en la improvisada cancha y de todos los juegos callejeros que jugábamos en nuestra feliz niñez, porque para todos, unos con más, otros con menos, pero para todos fue una época muy feliz; en esa época y a nuestra corta edad todos nos sentábamos a planear ya sea una vagancia, una travesura o el siguiente juego, y siempre, invariablemente surgían los comentarios de “cuando yo sea grande…”.
Y comenzaba el desfile de oficios y profesiones, todos deseábamos ser bomberos, policías, soldados, astronautas, futbolistas, magos, actores, luchadores y super héroes y así crecimos, con el tiempo esos infantiles anhelos se convirtieron en abogados, ingenieros, médicos, contadores, algunos se dedicaron a otros oficios, pero siempre persistirán esos recuerdos en nuestra memoria; sin embargo, de todos aquellos infantiles y románticos anhelos, nunca hubo un solo niño que dijera “yo si quiero ir a la guerra”, porque sabíamos en nuestro corto entendimiento que la guerra y la violencia eran cosas malas y no eran para niños.
En cambio, hubo en México otra época en la que niños mexicanos, con una realidad muy diferente a la que tuvimos y tienen los niños actuales, ellos sí tuvieron que ir a la guerra, quedando destrozado por completo su ciclo infantil.
Cruel, pero… ¿necesario?
En 1811, el Capitán Ignacio Elizondo, por órdenes del General Félix María Calleja del Rey le tiende una trampa al Cura Miguel Hidalgo y a todos los cabecillas del Movimiento Insurgente en Acatita de Baján, Coahuila, casi en los límites con Nuevo León; ahí junto con Hidalgo como líder del Movimiento, cayeron también los cabecillas Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Jiménez, Mariano Abasolo y Mariano Hidalgo (hermano del Cura Hidalgo); todos ellos más la escolta que les acompañaba fueron trasladados a Chihuahua, en donde fueron fusilados y decapitados;
tras este duro golpe, el mando absoluto de la insurgencia ahora recae en el Cura José María Morelos y Pavón quien traía otro estilo de mando; la historia nos ha mostrado que Hidalgo y Morelos, como curas eran malos, pero como militares, Hidalgo era pésimo y Morelos fue brillante, organizó un ejército disciplinado, compacto y capaz de poner en jaque al Virreinato, aunque con decisiones muy controvertidas para su época.
A pesar de que Morelos se rodeó de brillantes militares y generales como Hermenegildo Galeana, Nicolás Bravo, Mariano Matamoros, Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria, muy pronto dio muestras de sus controversiales decisiones, mismas que no siempre contaban con el consenso de sus generales y a veces ni de la tropa, pero le daban resultado. Morelos abrió las puertas de la insurgencia a las mujeres que desearan pelear en el campo de batalla, eso le generó mucha polémica al interior de la insurgencia, debido al arraigado machismo y al papel de la mujer en la época; otra polémica decisión que le generó muchas críticas dentro y fuera de la insurgencia, fue el reclutamiento de esclavos negros y afrodescendientes, liberándolos a cambio de unirse a la tropa insurgente; sin duda todo esto generó mucha controversia, sobre todo con el General Vicente Guerrero quien era afrodescendiente directo pero le funcionó bien. La siguiente decisión de Morelos fue algo muy difícil de asimilar y que dejó perpleja a toda la sociedad de la época, algo que hoy es una de las más graves violaciones a los Derechos Humanos, siendo catalogado como uno de los crímenes de guerra más penados que existen.
Morelos recluta niños para la guerra
Durante el Virreinato, las clases sociales más pobres además de soportar condiciones de miseria, cargaban con altos índices de mortandad infantil debido a las carencias, desnutrición y enfermedades, por lo que a los niños que llegaban a la edad de siete años con una salud aceptable, luego de haber sobrevivido a la viruela, el sarampión y otras enfermedades se les consideraba como “salvados” y con grandes posibilidades de seguir viviendo; esa situación no pasó desapercibida para el Cura Morelos, a quien se le ocurrió la mezquina idea de comenzar a reclutar niños para la insurgencia.
Los requisitos que estableció Morelos para los menores fueron dos: tener una salud aceptable o buena y tener una edad de entre 8 a 16 años. Esta decisión generó un escándalo pues Morelos utilizaría a los niños como “carne de cañón” pensando en que el Ejército Realista se la pensaría dos veces antes de disparar, matar o fusilar niños; el General Félix María Calleja de inmediato lo supo, Morelos de la manera más mezquina pondría a prueba a los españoles para ver hasta donde eran capaces de llegar, aunque honestamente, del que no se pensaba que fuera capaz de llegar a esto era del propio Cura José María Morelos.
El primer reclutado: su propio hijo
Como es de suponerse, hubo miles de padres y madres de familia que se opusieron a esta medida de Morelos y aunque el propio Cura les hablase y les dijese que era “por el bien de la insurgencia y buscando nuestra libertad e independencia”, miles se negaron a entregar a sus hijos al movimiento, entonces Morelos optó por lo más fácil, reclutar a los hijos de sus propios soldados insurgentes.
Y así comenzó Morelos a convencer a sus tropas con el argumento de que sus hijos serían unos verdaderos héroes que emularían las hazañas de sus padres, y al primero que reclutó y apuntó fue a su propio hijo Juan Nepomuceno Almonte Ramírez, a quien nunca reconoció como hijo, que tuvo con Brígida Almonte Ramírez, una mujer purépecha que se hizo cargo del niño y que ahora el Cura Morelos, su padre biológico, se presentaba ante Brígida para convencerla de entregar a su hijo a la causa insurgente.
La relación de Morelos con su hijo Juan Nepomuceno era un tanto extraña, aunque el cura nunca lo reconoció oficialmente como su hijo, si tenían buena relación y Morelos ayudaba en su manutención; Morelos lo llamaba “Mi
Adivino” o “Mi pequeño Adivino”, debido a que en la aldea de Nocupétaro en Michoacán, donde vivía el niño, se decía que tenía esas dotes, incluso había quienes decían haber visto al pequeño Nepomuceno resucitar a personas muertas; muchos historiadores han investigado al respecto, aunque no se han encontrado pruebas fehacientes de dichos rumores; por otra parte, debemos entender que eran pueblos en donde la ignorancia reinaba y en esas condiciones de ignorancia extrema, es la misma ignorancia la que hace que las personas se vuelvan más proclives a distorsionar la realidad y caer en la credulidad ante cualquier cosa que les digan.
Por su parte, en el bando contrario, el General Calleja tildó esas historias de una farsa como parte de la estrategia de Morelos para hacerlos creer que todos los insurgentes muertos en combate serían resucitados por el niño Nepomuceno.
Surgen Los Emulantes
El 13 de febrero de 1812, José María Morelos y Pavón forma la Compañía de Niños del Ejército Americano, mejor conocida con el nombre de Los Emulantes, ya que Morelos abrió en las mentes de los niños reclutados la idea de que ellos serían los héroes que emularían las hazañas de sus padres y que así como ellos se sentían orgullosos de sus padres como soldados insurgentes, también sus padres estarían orgullosos de que sus hijos los consideraran héroes y los emularan, por eso se les llamó popularmente Los Emulantes.
Al frente, como Capitán de la Compañía de Niños del Ejército Americano, Morelos designó a su hijo Juan Nepomuceno Almonte, quien contaba con una edad de nueve años, aunque Morelos había mentido al asegurar que tenía trece años. La intención de Morelos era utilizar a los niños como correos, llevando y trayendo comunicación entre los grupos insurgentes; como espías, infiltrándose entre los lugares donde estaban los realistas y recabar información; como apoyo en batalla surtiendo bolas para los cañones y para la alimentación de los caballos; se les enseñó a manejar las armas, pues eventualmente tendrían que cargar y usar una y a su corta edad enfrentar al dilema entre matar o morir, esa sería su niñez.
“Si los metieron a la guerra, son nuestros enemigos”: Calleja
A pesar de la crueldad y lo sanguinario que caracterizaban al General Félix María Calleja, éste en un principio tuvo respeto por los niños que caían prisioneros de guerra, enviándolos a juicio para que los jueces terminaran por enviarlos a cárceles u hospicios; la situación cambió radicalmente cuando Morelos comenzó a armar a los niños y ponerlos como escudo a marchar al frente de los pelotones como vil carne de cañón, tal vez pensando que los españoles dudarían en atacarlos, entonces el General Calleja lanza una seria advertencia a Morelos: “¡¡Si los metieron a la guerra y los armaron, entonces también son nuestros enemigos!!”, en referencia a la Compañía de Niños del Ejército de América y la situación cambió por completo.
En Calera, Zacatecas, (actual Calera de Víctor Rosales), el Movimiento Insurgente era lidereado por el General Víctor Rosales, quien se aprestaba a liberar la ciudad de Zacatecas en poder del Ejército Realista, ocupando una parte de la ciudad, su hijo Timoteo Rosales de 11 años, perteneciente al Batallón de Los Emulantes iba con ellos, Timoteo cayó herido de bala, siendo hecho prisionero de los Realistas, quienes lo golpearon y torturaron, presionando a su padre Víctor Rosales a entregar la parte de la ciudad ocupada, so pena de fusilar al niño; Rosales no entregó la plaza y el General Calleja sin piedad alguna ordenó al Teniente Coronel José López y al Intendente Irízar fusilar al pequeño Timoteo; el 27 de septiembre de 1813. El niño Timoteo Rosales Gordoa está considerado como un héroe local en Zacatecas.
Otro caso trágico fue el del niño Pedro Bernardino Alqusiras, hijo del bravo insurgente guerrerense Pedro Ascencio Alquisiras, quien tenía en jaque a los realistas en Guerrero y que atacaba al más puro estilo de una guerrilla, a base
de emboscadas y ataques rápidos, sorpresivos y demoledores; en una de sus incursiones cae prisionero su hijo Pedro Bernardino Alquisiras, los Comandantes Armijo y Rafols le informan a Calleja, este le da un plazo a Pedro Ascensio para rendirse y ante la negativa, Calleja ordena el fusilamiento del niño Pedro Bernardino, hecho ocurrido en Taxco, Guerrero.
Quizá el caso más triste de los niños Emulantes, haya sido el de la familia del rico hacendado Insurgente Pedro Moreno en Santa María de los Lagos, Jalisco (actual Lagos de Moreno); Pedro Moreno unió su fuerza insurgente a la del mercenario español Francisco Javier Mina en contra del Virreinato; a Pedro Moreno se le unió su esposa Rita Pérez Jiménez sus tres hijitos menores, Pedro, Luis y la pequeña Guadalupe, todos ellos Moreno Pérez; en la Batalla del Fuerte del Sombrero, la niña María Guadalupe Moreno Pérez de 3 años de edad, fue arrancada de los brazos de su madre y hecha prisionera por el General Pedro Celestino Negrete quien intentó canjearla por un coronel realista capturado por los insurgentes; al enterarse de que dicho coronel ya había sido fusilado por Morelos, Calleja ordena a Negrete devolver la niña a su madre, sin embargo la orden de Calleja llegó muy tarde, pues Pedro Celestino Negrete decidió quemar viva a la pequeña en presencia de su madre Rita Pérez de Moreno, quien además estaba embarazada, en un acto de crueldad extrema que hasta el propio Calleja repudió.
En la Batalla de la Cañada del Cura, el General español Pascual Liñán hace prisioneros a Rita Pérez de Moreno y sus hijos Pedro y Luis de 13 y 11 años, Luis es fusilado de inmediato y Rita y su hijo Pedro son hechos prisioneros y encerrados en Guanajuato, en donde Rita pierde al bebé que esperaba, semanas después le informan que su esposo Pedro Moreno fue fusilado por Calleja; Rita y su hijo Pedro murieron por desnutrición en prisión, los dejaron morir de hambre.
Narciso Mendoza, Martín Carrera y Mariano Arista
Por supuesto que también hubo niños Emulantes que en la Guerra de Independencia no solo sobrevivieron, sino que brillaron y sobresalieron al grado de ser considerados como héroes, como es el caso de estos tres; el niño Narciso Mendoza de 11 años fue el héroe del Sitio de Cuautla, una batalla que el Virrey esperaba que durara como máximo dos semanas, pues la ciudad de Cuautla estaba ocupada por las fuerzas insurgentes del General Hermenegildo Galeana apoyado por Morelos. El Virrey Venegas ordenó al General Calleja sacar a los insurgentes de Cuautla, temiendo que de ahí avanzaran hacia la Ciudad de México.
El 19 de febrero de 1812 Calleja con 7 mil hombres atacó Cuautla, defendida por 6 mil insurgentes entre las tropas de Morelos y Galeana, la batalla duró 72 días y se le llamó “El Sitio de Cuautla”, durante ese tiempo, los realistas no pudieron entrar a tomar la ciudad, defendida por los insurgentes y sus habitantes, en cambio, los insurgentes si recibían suministros y refuerzos, pues el cerco de Calleja tenía muchos puntos sin cubrir
En Cuautla, el hacendado español Mateo Musitu presumía y alardeaba de tener un cañón al que había llamado “El Matamorelos”, con el que defendería su hacienda de los insurgentes; Hermenegildo Galeana toma Cuautla, le quita su cañón a Musitu, lo fusila a él y a cincuenta sodados realistas y ocupa la ciudad; al cañón lo rebautiza como “El Niño”, en honor a los niños de Los Emulantes. Después de 72 días de asedio, ambos bandos estaban cansados, desgastados y no se veía como ni por donde los realistas podrían sacar a los insurgentes de ahí; Calleja ya había enviado una notificación al Virrey Venegas, anunciando que desistía de tomar Cuautla e inicia la retirada en la tarde del 2 de mayo de 1812.
Sin embargo, los Generales Negrete, Fiol y Liñán habían hecho correr el rumor de que habían derrotado y capturado a Galeana, esta falsa noticia provocó el efecto deseado, las tropas insurgentes se desmoralizaron e iniciaron la desbandada, situación que aprovecharon los realistas para abalanzarse sobre Cuautla, pero no contaban con el valor del niño Emulante Narciso Mendoza de once años, quien aterrado de miedo se había quedado atrincherado detrás de un corral de piedra, entre cadáveres de niños Emulantes e insurgentes; ahí solo decidió perder el miedo,
se armó de valor y encendió una tea, con la que disparó el cañón “El Niño”, en la oscuridad del ocaso, el cañonazo alcanzó de lleno al grupo realista, animado por eso, Narciso disparó otros tres cañones que habían dejado los insurgentes y con tan buena suerte que todos acertaron a las tropas realistas, entonces Negrete, Fiol y Liñán ordenan retirada definitiva, ganando el combate los insurgentes gracias a este valeroso niño, quien resultó herido, una bayoneta le había atravesado el brazo izquierdo. Morelos lo bautizó como “El Niño Artillero” y su hazaña comenzó a recorrerse por todos lados.
¿Qué fue de ellos?
Narciso Mendoza García, El Niño Artillero continuó en la insurgencia, participó en el Ejército Trigarante, alcanzó el grado de Coronel de Artillería; participó en la Guerra de Reforma defendiendo al Partido Conservador; apoyó la Segunda Intervención Francesa; fue invitado por Maximiliano a formar parte del Ejército Imperial; a la caída del Imperio de Maximiliano, el Presidente Juárez lo desterró a Centroamérica como Traidor a la Patria, regresó tras la muerte de Juárez; murió en 1888 en Cuautla, Morelos.
En cuanto a Juan Nepomuceno Almonte Ramírez, comandó a La Compañía de Niños del Ejército Americano, Los Emulantes, continuó con su carrera militar, alcanzando el grado de General Brigadier; participó en la Guerra de Reforma por el Parido Conservador; formó parte del grupo de conservadores que de manera humillante acudieron a Trieste, Italia a ofrecerle a Maximiliano de Habsburgo la Corona del Imperio Mexicano. Al Igual que Narciso Mendoza, está considerado como un Traidor a la Patria.
A diferencia de los dos anteriores, Martín Carrera Sabat y Mariano Arista y Nuez, los dos cumplieron con sus tareas como correos, espías, enlaces y apoyo en la Guerra de Independencia, como muchos otros niños, lograron sobrevivir, los dos continuaron su carrera militar hasta obtener el grado de General de División; ambos ingresaron a la política, Martín Carrera se dedicó a la política legislativa como Diputado y Senador, mientras que Mariano Arista se dedicó a la política militar hasta ser Secretario de Guerra y Marina; por último ambos llegaron a ser Presidente de la República.
Martín Carrera Sabat se retiró a la vida privada tras dejar la Presidencia de la República; murió en 1871.
Mariano Arista fue declarado como “Benemérito de la Patria” por el Presidente Benito Juárez; falleció en Lisboa, Portugal en 1855; en 1881 el Presidente Porfirio Diaz hizo efectivo un decreto de 1856 del Presidente Ignacio Comonfort para repatriar los restos del General Mariano Arista, por decreto de Porfirio Díaz, sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres.
Capítulo controvertido en la historia de México que historiadores oficialistas han tratado de justificar el hecho de mandar niños a la guerra diciendo que lo que hoy vemos como niños, ese concepto no existía en aquella época, aduciendo que aquellos chicos de 9 o 10 años en realidad ya eran muchachos que podían sobrevivir por sí solos; para algunos puede ser un acto mezquino pero necesario, para otros puede ser un acto aberrante y tal vez haya quien piense que está bien enviar niños a la guerra; lo que sí es verdad es que hoy, enviar y/o utilizar niños en los conflictos bélicos está considerado como una de los más graves violaciones a los Derechos Humanos y uno de los más severos y penados Crímenes de Guerra.
Referencias Bibliográficas:
+ inherm.gob.mx
+ revistabicentenario.com.mx
+ elcazahuate.uaem.mx
+ facebook.com
+ es.scribd.com
+ revista.correodelmaestro.com
+ x.com
+ historiadezacatecas + www.guerrero.gob.mx
+ excelsior.com.mx
+ mexicodesconocido.com.mx
+ es.wikipedia.org


