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Trascendió en el mundo periodístico de esta ciudad, el fallecimiento este martes de don Alberto Contreras Ruvalcaba, conocido también como “El Ronco”, habiendo cumplido 100 años de edad y, aunque suene paradójico envidiable para muchos, cerrar su historia en el país de la tauromaquia.
Estamos seguro que murió feliz en la Madre España, país al que siempre admiró por la apasionante fiesta taurina, de donde promovió a los matadores más famosos, como lo fueron Manolete, Joselito «El Gallo», Juan Belmonte y Curro Romero, conocidos por definir el toreo; además de las figuras más recientes y actuales mencionadas en las crónicas publicadas por El Heraldo de Chihuahua, que incluyen a José Tomás, Morante de la Puebla, Enrique Ponce, Julián López «El Juli» y de su gran amigo, el diestro regiomontano Eloy Cavazos.
Vivió su infancia en la colonia Centro, vecino de la YMCA, Asociación Cristiana de Jóvenes, sobreviviente de la tragedia de las “7 cabecitas” el 1 de agosto de 1939, cuando sólo tenía 14 años de edad.
En su juventud fue torero y tuvo su presentación en la antigua Plaza de Toros ubicada frente a la Quinta Gameros, donde destacó por su valentía y arrojo.
Fue padre de Raúl “Finito” Contreras a fines de los años 60 y de Alberto en los 90, el primero, con su magistral actuación del “Estoque de Oro” un 8 de abril de 1967, estuvo a la altura de los grandes de México y de Iberoamérica Manolo Martínez y Eloy Cavazos.
“El Ronco”, siempre orgulloso de lo que hizo su hijo, con Alberto Contreras Salinas, lo llevó a varios lienzos del Estado y lo presentó en la Plaza La Esperanza bajo el auspicio de la familia Valles.
Contreras Ruvalcaba inició la formación del Círculo de Cronistas Deportivos en los años 80 con los redactores Humberto Payán Franco, Raúl Urquidi, don Raúl Álvarez, Beto Ayala, entre otros.
Siempre apoyó a los nuevos valores de la crónica deportiva.
Conoció las realidades del deporte cuando fue director del periódico “Aplausos”, promoviendo el espectáculo, el deporte municipal, el sector estudiantil y al lado de su esposa, Gloria Salinas, y sus hijos Adriana y Alberto, trabajaron incansablemente para conseguir la publicidad y poder producir por varios años el tabloide.
Luchó contra los sistemas más antidemocráticos que se dieron en la fundación del Instituto Estatal del Deporte, se opuso a los presidentes de asociaciones deportivas autocráticos y deshonestos.
Apoyó el gran auge de las carreras pedestres, la charrería, el basquetbol de los verdaderos Dorados y Adelitas de Chihuahua, el auge del automovilismo de los años 90, pugnó por una nueva Unidad Deportiva, fue admirador del profesor Roberto “Che” Saldívar, entre otros proyectos.
Quienes lo conocimos, estamos seguros que murió feliz, en el sitio y el tiempo preciso. Descanse en paz la Tauromaquia de Chihuahua.
ARNOLDO GAYTÁN/ PAUSA.MX








