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La gobernadora de Campeche, Layda Sansores, desató una nueva polémica al acusar al senador Ricardo Monreal de ser un “entrometido” y exhortarlo a “cuidar su chiquero”, en referencia a supuestas irregularidades y conflictos internos en Morena que, según ella, Monreal debería atender antes de opinar sobre otros temas. El mensaje, difundido en sus redes y en su característico programa vespertino, llega en medio de las tensiones que han marcado la relación entre ambos morenistas desde hace meses, con cruces constantes por el control del partido y las candidaturas.
Monreal, por su parte, optó por una respuesta mesurada pero firme: “Amor y paz”, escribió en X, acompañado de un emoji de corazón y una bandera de México. Con esa frase breve evitó escalar el enfrentamiento directo, pero dejó claro que no entrará en el juego de descalificaciones personales que Sansores suele usar como arma política. El intercambio, lejos de ser un incidente aislado, refleja la fractura creciente dentro de Morena entre los sectores más duros —representados por Layda— y los pragmáticos que buscan mantener la unidad de cara a los retos de 2027-2030.
Lo que parece un simple cruce de palabras es, en realidad, otro síntoma de la lucha por el liderazgo moral y político dentro del partido en el poder. Mientras Sansores apuesta por el discurso confrontacional y la defensa a ultranza del obradorismo puro, Monreal juega la carta de la moderación y la conciliación. En Morena, donde el control del relato es tan importante como el del presupuesto, estas chispas no son casuales: son el preámbulo de una batalla interna que podría definir el rumbo del movimiento en los próximos años. Amor y paz… por ahora.






