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Un sector de aficionados estadounidenses, principalmente conservadores y críticos de la cultura latina, ha iniciado una campaña en redes sociales para boicotear el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl si los organizadores no retiran al cantante puertorriqueño Bad Bunny como uno de los artistas principales. La amenaza surge tras el anuncio de su participación, que para muchos representa una “invasión” de la música urbana latina en un evento tradicionalmente dominado por artistas anglosajones.
Los mensajes en plataformas como X y foros especializados repiten frases como “Lo van a lamentar” o “No pagaré por ver reggaetón en el Super Bowl”, argumentando que Bad Bunny no representa los valores “americanos” que, según ellos, debería encarnar el espectáculo más visto de Estados Unidos. Algunos incluso llaman a apagar el televisor durante su actuación o a no consumir los productos de los patrocinadores del evento.
La polémica ha escalado rápidamente, con cuentas influyentes y grupos de fans compartiendo capturas de pantalla donde prometen cancelar suscripciones a servicios de streaming que transmitan el partido o dejar de comprar cerveza y snacks asociados a la marca NFL. Aunque el boicot aún no tiene un alcance masivo, ya genera debate sobre la diversidad cultural en eventos deportivos de gran audiencia.
Hasta el momento, ni la NFL ni los productores del show han respondido oficialmente a las amenazas, manteniendo intacto el lineup que incluye a Bad Bunny junto a otros artistas de renombre. La controversia pone de manifiesto las tensiones persistentes entre audiencias tradicionales y la creciente influencia de la música latina en el mercado estadounidense.
Este tipo de campañas de boicot no son nuevas en el Super Bowl —recordemos casos como el de Colin Kaepernick o las actuaciones de Beyoncé y Shakira—, pero la dirigida contra Bad Bunny destaca por su carga xenófoba explícita y por llegar en un momento en que el reggaetón y el trap latino dominan las listas globales, lo que podría hacer que el llamado a boicot termine siendo contraproducente para quienes lo promueven.







