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En ciudades de todo el mundo, la instalación de barreras físicas en puentes —como mallas metálicas, redes o vallas altas— ha demostrado ser una medida efectiva para prevenir suicidios por salto. Casos emblemáticos como el del Golden Gate en San Francisco, el Luminous Veil en Toronto o el West Gate Bridge en Melbourne confirman que impedir el acceso al vacío puede salvar decenas, incluso cientos de vidas.
En Toronto, desde que se instaló la barrera en 2003, no ha habido un solo suicidio en el viaducto Bloor. En San Francisco, las redes de acero colocadas bajo el puente redujeron los suicidios en un 70 % en solo un año. Nueva Zelanda aprendió por la vía trágica: al quitar una barrera en el Grafton Bridge, los suicidios se quintuplicaron. Tras reinstalarla, desaparecieron.
En México, aunque a menor escala, también se ha empezado a actuar. En Xalapa, Veracruz, el municipio anunció la instalación de protecciones en el Puente Xallitic, tras reportarse múltiples decesos. En Tampico, la sociedad civil ha exigido colocar mallas en el Puente Tampico, donde se han contabilizado más de 70 suicidios.
La evidencia es clara: las barreras físicas salvan vidas. No resuelven por sí solas el problema de salud mental, pero son un acto mínimo de responsabilidad institucional.
Entonces, ¿por qué en Chihuahua capital, una ciudad con tasas altas de suicidio, no se ha hecho nada?
El municipio había anunciado hace años su intención de colocar mallas o protecciones en puentes vehiculares como el del Periférico de la Juventud y la avenida Teófilo Borunda. Hasta hoy, esos puentes siguen igual: accesibles, inseguros y en silencio. Varios casos de suicidio han sido registrados allí, sin que eso detone más que declaraciones aisladas.
Mientras otras ciudades actúan, en Chihuahua se sigue postergando una decisión que puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. ¿Se necesitan más estadísticas? ¿Más tragedias? ¿Más notas rojas? ¿O simplemente falta voluntad?
Negar la utilidad de estas barreras es desconocer la evidencia. No colocarlas, cuando se sabe que funcionan, es una forma de abandono institucional.
Hablar de salud mental es importante. Pero actuar es urgente.






