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El Congreso mexicano dio luz verde a una reforma importante al sistema de amparo, impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, con el propósito de facilitar el cobro de créditos fiscales bloqueados por juicios de amparo interpuestos por grandes contribuyentes.
La reforma fue aprobada por el Senado con mayoría del oficialismo, sin pasar por comisiones, lo que generó críticas por el método usado. Algunos artículos transitorios permiten aplicar la norma a casos en curso, lo que ha levantado dudas sobre su constitucionalidad.
La modificación redefine quién puede promover un amparo y bajo qué condiciones, limitando algunos recursos judiciales que antes podían usar los grandes deudores para retrasar el pago de sus obligaciones fiscales.
Organismos civiles y defensores de derechos humanos han expresado alarma, pues consideran que la medida puede afectar el derecho al acceso a la justicia, especialmente para casos en los que la parte afectada no tiene recursos legales sólidos.
El oficialismo sostiene que esta reforma es clave para asegurar ingresos que respalden programas sociales y evitar fugas fiscales, argumentando que grandes empresas han abusado del sistema de amparos para evadir responsabilidades.
Algunos críticos advierten que si no se establecen mecanismos claros de control y transparencia, la ley podría usarse de manera arbitraria para presionar a empresas o particulares.
En debates previos, la senadora responsable modificó algunos pasajes para suavizar escenarios extremos, pero no quitó elementos básicos considerados problemáticos por sus opositores.
La reforma fue promovida como parte de una estrategia económica del gobierno para reducir déficits fiscales sin recurrir a reformas tributarias profundas, aprovechando el poder legislativo que controla.
En el panorama político, esta medida fortalece al oficialismo al mostrar firmeza ante los críticos, pero también genera resistencias entre quienes defienden que se respete el equilibrio entre el Estado y los derechos individuales.
El impacto real aún está por verse, pues dependerá de cómo se interpreten y apliquen las nuevas reglas y de los litigios que se planteen en tribunales que puedan revisar su legalidad.







