El caso de los niños es el más delicado. Hasta antes de esta resolución, había disponibles vacunas para menores de cinco años a través de Pfizer y Moderna. Sin embargo, la FDA revocó esas autorizaciones para la población pediátrica general.
Ahora, la vacuna de Pfizer-BioNTech (Comirnaty LP.8.1) quedó disponible únicamente para personas de cinco años en adelante con enfermedades de alto riesgo, mientras que Moderna (Spikevax) se podrá aplicar en niños desde los seis meses, pero solo si presentan condiciones médicas preexistentes.
Esto deja sin acceso a los menores de cinco años sanos, un grupo que ya mostraba bajas tasas de vacunación en temporadas pasadas.
De acuerdo con la propia FDA y medios como Associated Press y The Guardian, esta decisión significa que “no existe actualmente una vacuna aprobada para niños pequeños sanos”.
Las versiones aprobadas corresponden a la campaña de otoño-invierno 2025-2026 y están diseñadas para enfrentar el sublinaje predominante del virus SARS-CoV-2.
La vacuna de Pfizer se autorizó para adultos mayores de 65 años y para jóvenes desde los cinco hasta los 64 años con comorbilidades, como diabetes, asma, enfermedades cardíacas o inmunodeficiencias.
Moderna, por su parte, mantuvo la autorización para grupos pediátricos, pero bajo la misma lógica de riesgo elevado, y Novavax solo se podrá aplicar a mayores de 12 años con condiciones médicas específicas. Con ello, se restringe drásticamente el acceso universal que caracterizó las campañas de los últimos años.
El motivo detrás de la limitación es una estrategia de salud pública que la FDA ha descrito como más “precavida y selectiva”. Según explicó el comisionado de la agencia, el objetivo es centrar la vacunación en quienes realmente pueden beneficiarse más, es decir, quienes tienen mayor probabilidad de sufrir una enfermedad grave o complicaciones por covid-19.
Las consecuencias de esta decisión han generado controversia. Para la comunidad médica, la exclusión de los niños pequeños sanos deja un vacío en la estrategia de protección contra el virus.
En línea con las directrices del Departamento de Salud y Servicios Humanos, encabezado por Robert F. Kennedy Jr., se busca abandonar las recomendaciones de vacunación universal para toda la población mayor de seis meses, apostando en cambio por decisiones clínicas individualizadas entre médicos y pacientes.