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Lizard Island, en el extremo norte de la Gran Barrera de Coral australiana, fue durante años un símbolo de resistencia frente al cambio climático. Ya no lo es. Un estudio reciente documentó una tasa de mortalidad del 92% entre los corales vivos de esta zona tras el blanqueamiento masivo ocurrido en marzo de 2024, una cifra que estremece por su magnitud y su simbolismo.

La investigación, publicada en la revista Coral Reefs, revela que casi todos los corales estudiados –el 96%– sufrieron algún nivel de afectación. La mayoría no sobrevivió. “Esto representa una de las tasas de mortalidad más altas jamás registradas a nivel global”, afirmó el doctor Vincent Raoult, autor principal del estudio y miembro de la Facultad de Medio Ambiente de la Universidad Griffith.

La tragedia coralina ocurrió durante el cuarto evento global de blanqueamiento, oficialmente declarado por la NOAA en abril de 2024. Este fenómeno, impulsado por las temperaturas oceánicas anómalamente altas asociadas a El Niño y al calentamiento global, dejó su huella en más de 54 países y territorios, y se cebó especialmente con el mayor sistema arrecifal del planeta.

En la isla Lizard, los investigadores examinaron 20 parcelas de arrecife de 10 por 10 metros, tanto en el sector norte como en el sur. La alta tecnología jugó un rol clave: drones de resolución milimétrica captaron las imágenes del blanqueamiento en marzo, y luego volvieron en junio para registrar la magnitud de la pérdida.

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«Este evento superó cualquier precedente local, incluso en áreas con menor estrés térmico», explicó Raoult. La profesora Jane Williamson, de la Universidad Macquarie, advirtió que “la devastación observada deja en claro lo urgente que es frenar el cambio climático”.

El informe de monitoreo de junio de 2024, emitido por la Autoridad del Parque Marino (GBRMPA), confirmó el blanqueamiento de moderado a severo en el 60% de los arrecifes inspeccionados. Las regiones norte y central fueron las más golpeadas. Lizard Island, considerada hasta ahora un posible refugio térmico, se convirtió en el epicentro del desastre.

El coral blanqueado pierde sus zooxantelas –las algas simbióticas que le dan color y alimento– cuando el estrés térmico se prolonga. Si las condiciones no mejoran, muere por inanición. Es lo que ocurrió este año.

Desde 1998, la Gran Barrera ha vivido episodios similares, pero 2024 marcó un antes y un después por su extensión sin precedentes. La NOAA advirtió que la temperatura media global del océano entre marzo y abril alcanzó un nuevo récord: 21.1 °C.

Más allá de la tragedia ambiental, el colapso coralino también amenaza pilares económicos. Se estima que los arrecifes generan más de 36 mil millones de dólares anuales en servicios ecosistémicos como la pesca, el turismo y la protección costera.

Hoy, bajo la superficie turquesa del mar de Coral, la isla Lizard guarda un paisaje silencioso y blanco. No de arena, sino de esqueletos de coral. La pregunta que queda flotando es si aún hay tiempo para evitar que este paisaje se convierta en la nueva norma.

La magnitud del blanqueamiento coralino registrado en Lizard Island en 2024 ha reavivado la preocupación internacional por la supervivencia a largo plazo de la Gran Barrera de Coral, catalogada como Patrimonio Mundial por la UNESCO desde 1981.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura ha planteado en repetidas ocasiones la posibilidad de incluirla en la lista de sitios «en peligro» debido al impacto acumulado del cambio climático, la contaminación y las actividades industriales.

A pesar de que el gobierno australiano ha implementado estrategias de conservación, como el Reef 2050 Plan, los expertos señalan que sin una reducción significativa de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, estos esfuerzos serán insuficientes para evitar futuros eventos catastróficos.

Según datos de la Autoridad del Parque Marino de la Gran Barrera (GBRMPA), los eventos de blanqueamiento masivo anteriores (1998, 2002, 2016, 2017 y 2020) ya habían provocado una pérdida acumulada del 50% de la cobertura coralina en zonas clave del arrecife.

El evento de 2024 es considerado el más grave hasta la fecha, no solo por su intensidad, sino por su carácter simultáneo en múltiples regiones del planeta. En total, la Red de Alerta de Arrecifes de Coral de la NOAA reportó afectaciones significativas en más de 100 regiones arrecifales distribuidas en el Pacífico, el Atlántico y el Índico.

Lizard Island alberga una estación de investigación científica que ha sido clave para el monitoreo de los cambios ecológicos en la Gran Barrera desde la década de 1970. Esta estación, operada por el Australian Museum Research Institute, reportó que la recuperación natural de los corales en eventos anteriores tomó entre 10 y 15 años en condiciones óptimas.

Sin embargo, la frecuencia creciente de los blanqueamientos masivos está reduciendo dramáticamente las ventanas de recuperación, empujando a muchos ecosistemas coralinos al colapso funcional.

El fenómeno de El Niño de 2023-2024 fue uno de los más intensos registrados en las últimas décadas. Combinado con el calentamiento antropogénico, impulsó temperaturas oceánicas de hasta +3 °C por encima del promedio estacional en partes del mar del Coral.

Estudios publicados en Nature Climate Change indican que, bajo las actuales trayectorias de emisiones, el blanqueamiento severo de arrecifes podría pasar de ser un evento ocasional a uno anual antes de 2040, lo que sería incompatible con la supervivencia de los ecosistemas coralinos tal como los conocemos.

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Por AL PE