InicioColumnaSTILO LIBRE: 12 DE MARZO 2026

STILO LIBRE: 12 DE MARZO 2026

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Noticias Chihuahua:

En el Municipio de Chihuahua hay un tema que ha comenzado a llamar la atención y que difícilmente puede pasar desapercibido: la larga lista de demandas laborales que enfrenta la administración municipal encabezada por Marco Bonilla. De acuerdo con documentos revisados por el portal Pausa.mx, la cifra asciende a 174 procesos, un número que por solo resulta preocupante. Entre los señalamientos aparecen casos que van desde presunta discriminación hasta despidos injustificados, sin contar aquellos asuntos que también han llegado a la Comisión Estatal de Derechos Humanos. El panorama, por donde se mire, resulta delicado y deja ver que algo no está funcionando del todo bien dentro de la estructura laboral del Ayuntamiento capitalino.

El problema no es menor si se toma en cuenta que, con el paso del tiempo, cada uno de estos litigios puede traducirse en pagos millonarios que terminan saliendo del erario público. Es decir, no se trata de recursos de una empresa privada donde los dueños defienden cada peso, sino de dinero público que finalmente pagan los ciudadanos. Esa es la parte más sensible del asunto: cuando las decisiones administrativas o laborales terminan convirtiéndose en una carga económica para la población. Por ahora, lo cierto es que la alcaldía capitalina acumula una cifra considerable de denuncias que, tarde o temprano, podrían pasar factura.


En política hay un talento especial para descubrir problemas… que todo mundo ya sabía. Y luego proponer soluciones… que en realidad no solucionan nada.

Ahora resulta que el Cabildo de Chihuahua acaba de descubrir que las mujeres —sobre todo las amas de casa— trabajan gratis. ¡Vaya revelación! Como si las madres, abuelas y millones de mujeres del país no lo hubieran sabido desde hace décadas, mientras lavan, cocinan, limpian, cuidan hijos, atienden enfermos y mantienen funcionando el hogar sin salario, prestaciones ni aguinaldo.

La regidora panista Isela Martínez propone que el Municipio “visibilice” el trabajo doméstico no remunerado. Muy bien. También propone censarlo, medirlo, analizarlo y generar información. Excelente. El problema es que en toda esa lista falta un pequeño detalle que suele ser importante en el mundo real: pagarlo.

Porque según los propios datos citados, ese trabajo vale unos 8 billones de pesos al año. Es decir, sería el sector económico más grande del país. Pero curiosamente, cuando llega la hora de hablar de dinero, el entusiasmo político se evapora más rápido que promesa de campaña.

Ni el municipio, ni el estado, ni el gobierno federal han dicho jamás algo parecido a: “vamos a remunerar a las amas de casa”. Nadie se apunta para soltar el “cash”. Y claro, tiene su lógica cruel: ese trabajo no paga impuestos, no genera utilidades y no produce ganancias para nadie… salvo para toda la sociedad que se beneficia de él.

Y aquí entra la gran simulación nacional. Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se habló durante años de justicia social, de primero los pobres y de reconocer a quienes sostienen a las familias mexicanas. Pero cuando llegó la hora de aterrizar algo concreto para las amas de casa, todo quedó en el mismo lugar de siempre: discursos, programas clientelares y ninguna política real que pague el trabajo doméstico.

Ahora, con Claudia Sheinbaum en la presidencia y con todo el discurso de que “llegó el tiempo de las mujeres”, la historia parece repetirse. Se promete un Sistema Nacional de Cuidados, se organizan foros, diagnósticos y conferencias… pero de nuevo nadie se atreve a decir la parte incómoda: cuánto dinero se va a destinar para pagar ese trabajo.

Porque hablar de reconocimiento es fácil. Hablar de cultura también. Pero cuando la conversación se acerca al presupuesto, entonces aparecen las excusas, los estudios, las mesas de análisis… y el dinero desaparece del debate.

Así que la solución oficial suele ser la misma en todos los niveles de gobierno: discursos, foros, diagnósticos, censos, reflexiones culturales, perspectiva de género y mucha visibilización. Todo muy noble. Todo muy académico. Todo muy barato.

Porque visibilizar cuesta poco. Pagar sí cuesta.

Y mientras los gobiernos —de todos los colores— compiten por ver quién ama más a las mujeres en el discurso, millones de amas de casa seguirán haciendo jornadas completas… sin salario.

Pero eso sí: perfectamente visibilizadas.

Al final, la política mexicana ha perfeccionado una nueva rama de la economía: la economía del aplauso. Mucho reconocimiento, mucha solidaridad, mucha narrativa… y exactamente cero pesos en la cartera de quienes sostienen el hogar.

Si la propuesta no incluye dinero, entonces no es política pública.

Es simple simulación.

Noticias Chihuahua

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