José Emilio Pacheco, prolífico escritor mexicano vinculado a la llamada Generación del Medio Siglo. Nació el 30 de junio de 1939 en Ciudad de México, donde murió el 26 de enero de 2014. Cultivó los géneros de novela, cuento, poesía, crónica y ensayo. Dirigió numerosas antologías de sus contemporáneos. Del inglés, por mencionar algunas obras, tradujo los Cuatro cuartetos de T. S. Eliot y De profundis de Oscar Wilde; del francés, Las quimeras de Gérard de Nerval.
A continuación, cuatro poemas de José Emilio Pacheco:
ACELERACIÓN DE LA HISTORIA
Escribo unas palabras
                                         y al minuto
ya dicen otra cosa,
                                    significan
una intención distinta,
se hacen dóciles
                               al Carbono catorce:
Criptogramas
                          de un pueblo remotísimo
que busca
                    la escritura en tinieblas.
(En No me preguntes cómo pasa el tiempo [1969])
LAS RUINAS DE MÉXICO (ELEGÍA DEL RETORNO)
II
8
Para los que ayudaron, gratitud eterna, homenaje.
Cómo olvidar —joven desconocida, muchacho anónimo,
anciano jubilado, madre de todos, héroes sin nombre—
que ustedes fueron desde el primer minuto de espanto
a detener la muerte con la sangre
de sus manos y de sus lágrimas;
con la certeza
de que el otro soy yo, yo soy el otro,
y tu dolor, mi prójimo lejano,
es mi más hondo sufrimiento.
Para todos ustedes acción de gracias perenne.
Porque si el mundo no se vino abajo
en su integridad sobre México
fue porque lo asumieron
en sus espaldas ustedes,
héroes plurales, honor del género humano,
único orgullo
de cuanto sigue en pie sólo por ustedes.
(En Miro la tierra [1987])
GÉNESIS
De tanta felicidad me abrumó el paraíso.
Intenté descubrir que había allá afuera.
Al acercarme a los límites
me hirieron la alambrada y la cerca eléctrica.
Tuve que regresar a mi jardín, acosado
por los perros de los guardianes.
Y no encontré ya bosques ni manantiales.
En el lugar que ocupaban
se yergue la barranca N-18
y levantan los hornos crematorios.
(En La arena errante [1999])
LA CENA DE LAS CENIZAS
6. La estación final
En la estación final todas las cosas muestran
su virtud de cambiar, no de permanecer.
Todo se viene abajo y se despide.
Nos dice el mundo: «Ya no eres de aquí,
no te reconocemos como nuestro.
Lo que creíste tuyo era sólo un préstamo.
Ahora mismo
tienes que devolverlo».
(En Como la lluvia [2009])
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